Intentando dormir la mona en un tren
En el tren de vuelta una voz igualita a la de Bebe, la cantante, el mismo tono, el mismo acento, me traladaba los oídos. Hubiese jurado que era ella de no haberla visto. Hablaba por el móvil en el vagón en un volumen un tanto molesto, como si no le importase el ruego de limitar su uso a las plataformas, el resto de los viajeros, ni que nos enterásemos de su conversación.
Yo quería dormir, tenía algo de resaca, había dormido bien poco gracias a ese sol tan madrugador que se colaba a través de las rendijas de la ventana, y en mi tontunez alcohólica no reaccioné para saber que sólo me hubiese bastado bajar la persiana para conciliar el sueño de verdad.
Este doble fónico de Bebe, una joven morena de rasgos algo agitanados, y risueño acento extremeño, como buena Bebe que se precie, se empeñaba sin embargo en no dejarme pegar ojo en el vagón, y en que todo el mundo supiese que el taxi del aeropuerto le había costado setenta euros, lo repitió cuatro o cinco veces mientras se reía por no llorar, y otras tantas cosas que no recuerdo porque no tenían para mí el mínimo interés, aunque con tanta insistencia en ser oída terminó por recabar nuestra atención, incluso alguna que otra sonrisa al viajero que se encontraba frente a mí, que parecía entretenido con sus conversaciones.
El móvil no fue suficiente, parecía que había comido lengua, y tras hablar con varias personas por teléfono, cogió por banda a otra viajera desprevenida, para amenizar su viaje, el de la viajera, y quizás el del resto que íbamos en el vagón.
Pudimos saber que venía de Alemania, donde había estado viviendo durante tres meses, y que cómo iba a aprender ella el alemán, con lo difícil que era; extrañamente se enorgullecía en decir que ni una palabra en esos tres meses.
"Bueno, sí, sólo 'dankesun', o algo así que decían cuando se iban", dijo.
'Dankeshen' me repetí mentalmente por lo bajito mientras el viajero de enfrente no paraba de sonreír tras cada mini-burrada que le oía soltar con total convencimiento y espontaneidad. "Dankeschön", y yo no estuve en Alemania y aunque sólo supiera cómo se escribe gracias a Google, pero al menos sabía que servía para dar las gracias.
"También dicen 'achún' cuando se van", añadió, como el que dice la onomatopeya de un estornudo.
Otra vez gracias a Google pude descubrir que se trataba de la palabra " tschüss", "adiós" en alemán, porque de alemán tengo menos idea que ella, aunque sepa decir lo imprescindible: "gracias", "de nada", "te quiero" ¡Ah!, y "sacher", aunque la deliciosa tarta sea de origen austríaco. Lo suficiente para ser educada, no morir de hambre y llevarte algún buen recuerdo...
Gracias a ella he sabido también que "en Alemania" hay dos aeropuertos, "el de Alemania", y otro que está a 40km. Al final pude descubrir que "Alemania" era Berlín. Me sacaba sonrisas por ser tan espontánea, me recordaba hablando a un niño pequeño, con tanta inocencia repitiendo lo que le ha parecido oír por ahí, a la vez que me apenaba el que no tuviera tan limitaditos sus conocimientos, y tan pocas ganas de ampliarlos, hasta enorgulleciéndose de ser así...
En fin, que no sé qué hizo en Alemania para saber tan poco de este país, pero en unas horas de Fiesta Coctelera y con resaca encima yo recordaba mucho más...
(Joooo, y yo por qué no salgo en el libro después de 3 añitos coctelereando...?? No es justo
)












mamporrero dijo
Si, querida, la figura, relativamente nueva, del becerro/becerra hablando a voces con el móvil en cualquier lugar, por insospechado que sea, es una de las cosas chungas que nos ha traído el progreso. Contra esos y contra los que van en el coche con la música a toda hostia hay que hacer un proyecto de ley para que sean deportados a una isla o, directamente, los fusilen, jaja¡¡¡..Pesaos¡¡
No he visto nada de eso de la fiesta coctelera, sólo el anuncio que hacía la Calamar.....Estuvo bien?..Queremos de saber y de ver fotos¡¡¡
Un beso, tesorete, que ya no quieres al tio mampo y ni nos vemos...Con lo que yo te quiero a tí...
28 Junio 2009 | 10:58 PM